Mundo ficciónIniciar sesiónAbro los ojos de golpe.
Pero…
No estoy en un hospital…
—Hija, ¿me estás escuchando?
Muevo rápidamente la cabeza hacia el sonido de esa voz que me resulta tan conocida, y tan dolorosa de escuchar. Veo a mi abuela, mirándome con confusión, pero con el amor irradiando en su mirada.
¿Cómo…?
¿Cómo es posible?
¿No había muerto?
—Llega Johana hoy, cariño —sigue diciendo ella—. Supongo que Dios me castigará por esto, pero esa chica siempre me ha dado mala espina. Aunque sea hija de tu padre, se parece demasiado a la víbora de su madre.
M****a.
He vuelto al día en que ella volvió. Es decir, volví dos años atrás.
—No te preocupes, abuela —me estiro y tomo sus manos entre las mías.
—Solo ándate con cuidado, hija —su preocupación era muy certera.
Al final, Johana nos terminó enviando a la muerte a todos. A ella, la única persona que realmente me ha cuidado y me ha amado. Mi madre murió cuando tenía dos años, decían que en un accidente, pero ahora mismo, no sé si esa fue la verdadera razón. Un año después, apareció con Gabrielle, su nueva esposa y su hija de un año.
Una amante y su bastarda.
Miro alrededor buscando a Scott.
Recuerdo que en mi otra vida, Scott había estado muy extraño, dijo que se habían filtrado cosas de su empresa en un proyecto muy importante. Estuvo pegado al celular, frunciendo el ceño, hasta que dijo lo que nunca pensé oír de él. Lo veo venir hacia mí, abriéndose paso por entre la gente que se aparta como si fuera el diablo.
Él se había ganado esa reputación. Con poder y disciplina de acero en los negocios. Para todos los demás era una bestia, para mí era solo un esposo amable y cariñoso. Hasta que ya no lo fue, claro.
—Tengo que irme —dice llegando a mi lado—. Tu hermana me llamó, dice que alguien la está siguiendo en el aeropuerto y está…
—¿Y a nosotros qué? —inquiero con una ceja levantada.
—¿Qué? —su ceño se frunce ante mis palabras.
En mi vida pasada, yo me había preocupado ilusamente por esa perra. Siempre tuve la duda de si ella tenía algo en contra de Scott, porque me era imposible entender su cambio tan repentino.
Pero, ¿qué podría ser tan malo para su actitud conmigo?
No importaba, en esta vida mantendría con vida a mis abuelos, descubriría lo que Johana pueda tener con Scott, y si tengo suerte, salvaría mi matrimonio y mi vida. Haré justicia por la muerte de nuestro hijo. Aunque no sé si pueda realmente perdonar a Scott. Sufrí demasiado antes, y me hizo sentir tantas veces que no me amaba, que no me deseaba.
Era como estar con el fantasma del hombre que un día fue.
Si es culpa de Johana, entonces, también haré justicia por él.
—Si tiene tanto miedo, pues, que llame a la policía —resoplo—. No pagamos tantos impuestos como para que hagas tú de polícia.
Mi abuela se ríe despacio. Scott me mira como si estuviera viendo a alguien completamente nuevo. Aunque no debería sorprenderse, nunca fui sumisa, pero cambié demasiado cuando nos casamos. Quise ser perfecta para él, la esposa perfecta. Y perdí parte de mí. No podía culpar a nadie más que a mí misma. Él nunca me lo pidió, nunca me lo reprochó.
Dios, todavía lo amo.
Maldito hombre
—Tengo que ir —dice entre dientes.
Ven, yo sé que algo anda mal.
Suelto las manos de mi abuela y me levanto.
—Bien, iré contigo.
—No es necesario…
—Dije. Que. Iré. Contigo —digo separando las palabras mientras lo miro fijamente—. No quiero volver a repetirme. No me sabe muy bien que vayas a proteger a otra mujer que no sea yo.
Le hago una seña con la mano y miro a mi abuela.
—Abuelita, nos vemos en un momento. Tenemos que ir a salvar a la damisela en apuros.
Le guiño un ojo y ella me lo devuelve. Mi corazón está hinchado de amor al tenerla nuevamente. Voy a aprovechar esta vida al máximo.
—Vamos —le indico a Scott.
Él me toma de la mano para detenerme cuando salimos de la casa. No iba a hacer un escándalo dentro del salón con toda esa gente importante, tampoco yo.
—Alessandra, vuelve adentro, de esto me encargo yo —dice con voz firme.
Lo miro fijamente. Scott es hermoso, varonil, inteligente. Me enamoré de este hombre porque con él podía hablar de cualquier cosa y él nunca me juzgaba.
—¿Por qué tan empeñado en que no vaya? —pregunto con las manos en las caderas—. ¿Estás teniendo una aventura o algo?
—¿De qué hablas? —exclama sorprendido.
—Porque no veo por qué tan empeñado en ir solo a juntarte con ella —indicó—. Porque no me creo por un instante que ella está en peligro y ¡vaya! justo te llama a ti.
Doy un paso hacia él.
—¿Desde cuándo tú y ella hablan? —arrugo el entrecejo como si fuera a llorar—. Tú… tú me estás engañando.
Doy un paso atrás y me llevo la mano al pecho. En parte, este dolor no es fingido. Hoy es el día en que todo se va a la m****a en mi vida. El día que perdí al amor de mi vida. Uno de los últimos días en que vi a mi abuela.
Uno de los últimos días en que recuerdo haber sido feliz.
Scott estira la mano hacia mí.
—Amor… yo nunca… —hay dolor en su mirada.
Pero no le hago caso, me doy la vuelta y me subo al auto cuando el parquero lo trae. Lo escucho venir detrás de mí, aunque no dice nada más.
—Ale… debes saberlo —agarra mi mentón obligándome a mirarlo—. Eres mi esposa, nunca te engañaría. Te amo.
Hace tanto tiempo que no le escuchaba decirlo.
—¿Por qué hablas con ella sin decirmelo? —digo—. Por que te llama a ti. Es claro que me has estado engañando, escondiendo cosas.
Aparto de golpe su mano de mi mentón. Me acomodo en el asiento y me coloco el cinturón.
—Iré, quiero ver yo misma la relación que están teniendo.
—No hay ninguna relación entre nosotros.
—Sigues sin decirme desde cuándo hablas con ella —reitero.
Scott no dice nada. Enciende el auto y nos saca de la casa de mi abuela. Antes, él nunca me había escondido nada. De hecho, Johana le había hablado una vez, hace como dos meses atrás, y él me lo había dicho. No vi nada raro en su expresión, incluso él parecía sorprendido.
¿Qué pasó durante estos dos meses?
Supongo que desde hoy empezaré a averiguarlo.







