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Capítulo 3: Discordia

El silencio en el auto, al menos para mí, no resulta incómodo. Scott, debe sentirse completamente atrapado, a juzgar por la fuerza con que aprieta el volante. Una sonrisa amenaza con abrirse paso en mis labios. Sin embargo, lo detengo. Estoy enojada, se supone, estoy dolida porque creo que me está engañando.

Me bajo apenas estaciona, sin esperarlo. Comienzo a mirar por los alrededores hasta que doy con esa perra. La muy estúpida está mirando directamente hacia mi hombre, con una cara de ensueño y de triunfo.

No.

Con una maldita mirada de enamorada.

¿Johana ha estado enamorada de Scott?

Sonríe grande, hasta que me ve cuando Scott llega a mi lado y toma mi mano. Esta vez no me aparto de él, tengo que presumir en su cara. Y me encanta la mueca en su rostro, cómo la sonrisa se borró por completo y dio paso al enojo. Cuando llegamos a ella miro para todos lados asustada.

—¿Y bien? ¿Quién te persigue? —pregunto. 

La observo, veo como tiene la mandíbula apretada. Luego, sonríe grande, como si verme la hiciera feliz.

—Hermana, qué alegría verte —dice dando un paso hacia mí para abrazarme.

Yo doy un paso atrás, chocando con el pecho de Scott.

—¿Sí? Porque no parecías tan feliz de verme hace unos segundos —escupo enojada—. Llamando a mi esposo para que venga a buscarte… ¿Estás teniendo una aventura con él?

—Alessandra… —comienza Scott. 

Siento la vibración en su pecho al hablar.

—¡Claro que no, hermana! —se excusa falsamente ella. 

Inmediatamente mira a Scott con cara de cachorro abandonado. Pongo los ojos en blanco para que vea que no me trago este discursito falso.

—Bueno, bien pareces la amante llamándolo a escondidas.

Mi voz suena fuerte, por lo que varias personas que pasan a nuestro alrededor nos quedan mirando. Sobre todo a ella, cuando he mencionado la palabra amante. Scott detrás de mí no dice nada, tampoco se aparta. Johana lo mira en busca de ayuda. Está claro que en su plan, no entraba que yo apareciera.

—No… no sabía que ibas a venir con él —dice inocentemente—. Pensé que te quedarías con la abuela.

Me río de forma burlesca.

—¿Para poder besuquearte con mi esposo?

Me doy vuelta y le doy una gélida mirada a Scott.

—Nunca te creí capaz de eso.

Él traga saliva. Me mira completamente contrariado. Eso solo va confirmando mis sospechas. Me giro hacia mi hermanita, la recorro de arriba abajo, vestida con un estilo similar al mío. Sonrío con burla.

Patética.

—Ese vestido, es mío —me río al darme cuenta. Sus mejillas se ponen rojas, yo creo que de rabia y de vergüenza—. No estamos tan mal como familia para que tengas que usar mi ropa, hermanita.

Me agrada mucho ver lo sorprendida que está por mi actitud. Eso me hace darme cuenta de cuán débil fui. De cuán tonta fui. No entiendo por qué cambié mi personalidad, cuando yo siempre fui agresiva, siempre iba por lo que quería. Me encantaba el liderazgo, me era completamente fácil hablar en público. Siempre fui más inteligente que ella, mejores calificaciones, más amigos…

Fui estúpida, pero eso lo corregiré en mi nueva oportunidad de vida.

No fui mala con ella, a pesar de que mi padre en muchas ocasiones le daba el favor. Casi como si se olvidara que yo también era su hija. Tal parece que los hijos de las amantes son más queridos. Mi abuela me dijo que mi papá amaba mucho a mi mamá, que no entendía cómo es que la había engañado. Supongo que es la naturaleza de los hombres, o eso es lo que dicen.

Por mi parte, creo que son unos cobardes.

Pero de todos modos, no fui mala con ella. Nos criamos juntas, podríamos haber tenido un vínculo más fuerte, sin embargo, Johana era la que siempre se alejaba. Me considero alguien amigable, no suelo juzgar por la primera impresión, y me gustaba tener una hermana. Hasta que Johana comenzó a tener esas molestas actitudes. Parecía que siempre competía conmigo por cualquier cosa.

Mirando hacia atrás, incluso trataba de competir por la atención de Scott, pero él siempre tenía ojos para mí. En mi estúpida mente, no creí que ella haría algo para meterse entre nosotros, y yo todavía me preocupaba por ella, a pesar de que me estaba jodiendo. 

Eso ya se terminó.

En esta vida, la que sufra, no seré yo.

Johana mira hacia todos lados tratando de decir algo. Claro, como no pensó que yo iba a venir, no encontró nada mejor que ponerse mi ropa. 

—A mí me queda mejor —muevo la mano con desdén.

—Alessandra, no entiendo por qué estás siendo tan cruel —se lamenta con esa vocecita de falsa inocencia.

—¿Y bien? Dónde están los que supuestamente te están siguiendo, porque no veo a nadie y a ti muy tranquila —espeto.

Johana traga saliva. Entre molesta y frustrada. Todo lo que tenía planeado hacer a solas con mi esposo, se fue al carajo. Se siente bien arruinar sus planes. Bien, fácilmente podría acostumbrarme a esta sensación. Ella no dice nada, así que me canso de esperar. Vuelvo sobre mis pasos hacia el auto nuevamente. No miro si me siguen o no, estoy segura que lo harán.

—Creo que mejor debería tomar un taxi, no quiero provocar discordia entre ustedes…

La miro mal.

—Súbete de una vez.

Entro en el auto, por supuesto que en el asiento del copiloto. Scott sube en un silencio sepulcral, con la mandíbula apretada y el ceño fruncido. Ni siquiera miro a Johana. Siento unas terribles ganas de dejar caer mi mano en su mejilla. En ambas, para ver cuánto demora en desaparecer el rojo.

Inhalo lentamente y suelto. No debo apurarme demasiado. Sé lo que va a pasar después de esto, y me encargaré de frustrar cada cosa. En mi vida anterior, en dos días Scott me va a pedir el divorcio. En ese momento, yo no entendía nada, pero tiempo después ella me confesó que le había mostrado fotos de mí con otro.

Fotos manipuladas, claramente.

En ese momento, yo me negaba a darle el divorcio. Y nos llevó a peleas interminables y a él alejándose cada vez más de mí. Esta vez, será diferente. Cuando llegamos a la casa de mi abuela, me bajo rápidamente sin esperar a ninguno de los dos. Pero en vez de perderme, me quedo a un lado escuchando lo que hablan.

Escondida detrás de la puerta principal, lo suficientemente cerca para escuchar, pero lo bastante lejos para que no me vean.

—Lo siento mucho, Scott. Lo que menos quería era que ustedes pelearan —dice ella.

—¿Qué es lo que quieres a cambio de que me digas cómo se filtró la información de mi empresa?

—No es correcto hacerlo aquí, cualquiera podría escuchar —dice más bajo, apenas si puedo escuchar—. Tengo a alguien que me entregará esa información, pero solo me dijo que es alguien muy cercano a ti.

¿Cercano a él? 

Conozco a las personas que están a su lado, llevan años trabajando con él. En aquel entonces, la información que se había filtrado correspondía a un proyecto millonario, que terminó adjudicándose la competencia. Sin embargo, algo es distinto ahora, porque nunca se había encontrado al culpable, la única respuesta había sido que hackearon el sistema. 

¿Será que con mi intervención hoy cambié algo?

Hago una mueca. Si es así, no me gusta para nada.

O quizás, Johana va a cambiar su método o estrategia. No puedo subestimarla, antes destruyó mi vida por completo y yo no pude hacer nada. Es claro que viene planeando esto desde hace mucho tiempo. 

—Scott… Solo quiero estar a tu lado —dice ella en un tono de voz mucho más amoroso—. Siempre te he amado.

Abro los ojos y la boca completamente sorprendida. Al final, si estaba enamorada de él. Scott no dice nada por varios segundos, seguro que está sorprendido igual que yo. O quizás ya lo sabía.

—¿Qué dices? Estoy casado, Johana. Estoy casado con tu hermana —espeta con voz dura.

—Lo sé, lo siento —se disculpa.

Luego veo atravesar la entrada a Scott. Va caminando a paso largo, con los hombros tensos como si estuviera escapando. Decido irme, pero no antes de escuchar a Johana destilar veneno.

—Vas a ser mío, Scott. No me importa si tengo que obligarte.  

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