Mundo ficciónIniciar sesiónCuando termina el incómodo desayuno, Scott y yo tomamos nuestras cosas y nos vamos a nuestra casa. Nadie más habló en el desayuno posterior a eso. Miré cada cosa que hacían, cada expresión que tenían, haciéndolos sentir más incómodo. De vez en cuando le daba sonrisas a mi abuela, que no parecía afectada por el silencio.
Lo que es de esperarse, es decir, mi abuela tuvo que sacar a flote la empresa en un mundo de hombres arrogantes que quisieron verla fracasar. Esto no es nada para ella. En el auto ninguno de los dos dijo nada, aunque presentía que Scott quería hablar. No fue hasta que llegamos a la casa que explotó.
—¿Quienes eran esos cinco tipos que querían casarse contigo? —preguntó apenas cruzamos la puerta.
En su tono de voz había molestia y celos. Antes nunca había tenido que preocuparse de eso porque solo tenía ojos para él. No estaba en mi objetivo contarle para provocar celos, ni siquiera las tomaba en cuenta.
—¿Para qué quieres saber? Han pasado varios años desde eso —respondo encogiéndome de hombros.
Camino hacia nuestra habitación porque Johana se acercó a despedirnos y nos abrazó a los dos como si fuéramos íntimos amigos. Tuve que soportarlo, porque aunque mi actitud haya cambiado un poco, no quiero hacerlas sospechar de nada. Sin embargo, me siento sucia ahora. Necesito un baño con urgencia.
—No sabía que hablabas con tantos —suelta.
Estoy dándole la espalda cuando habla, pero lejos de molestarme, una sonrisa se abre paso en mi rostro. Por supuesto que aprovecharé esta carta. Que se inviertan los roles, que sea él quien tenga miedo de perderme.
—Bueno, mantener una conversación con hombres guapos y adinerados no es un delito —me doy vuelta para observar su actitud—. Supongo que lo que debería preocuparte es: si dejé que tocaran o no.
Respira con fuerza por la nariz frunciendo el ceño.
—¿Lo hiciste?
Me río divertida. Me paso la lengua por los dientes sin dejar de sonreír.
—No, pero en vista de que me has engañado, la próxima vez los dejaré tocar.
Me doy vuelta y voy al baño cerrando la puerta con llave.
—¡No te estoy engañando! —grita golpeando la puerta.
—¡Las pruebas dicen lo contrario! —grito de vuelta.
Enciendo música en el parlante que tenemos y subo el volumen para no escucharlo quejarse. La verdad es que yo soy la única que lo usa, tengo una necesidad de poner música cuando me baño. Cuando no lo hago, me siento vacía. Es una experiencia completamente diferente.
Al salir, me sorprendo al encontrar a Scott parado al lado de la ventana. Él ya debería haberse ido a la empresa.
—Pensé que ya te habías ido —comento, dirigiéndome hacia el vestidor.
Abro las puertas y lo miro. Hago una mueca porque este no es realmente mi estilo. Esta ropa de colores sobrios, cuellos altos, faldas largas… No, hay que cambiar todo esto.
—Quería despedirme…
—Okey, adiós —respondo interrumpiendo—. Quizás hoy llegue tarde, he decidido que renovaré mi armario.
Saco un pantalón y una blusa. Arrugo la nariz.
—¿Qué tiene esa ropa?
Lo miro y levanto la ropa frente a sus ojos.
—¿Cuándo me conociste yo me vestía así? —inquiero.
Mira la ropa, luego a mí y niega. Asiento dándole la razón.
—No sé por qué demonios empecé a vestirme así, pero eso cambiará hoy —digo sonriendo radiante.
Me gusta ir de compras. Me encanta la ropa nueva, los colores vivos, y como cada vez que te pruebas y te queda perfecto, da esa sensación de que está hecho para ti.
—Bueno, entonces ten un buen día de compras.
—Gracias —le respondo y me voy al baño a cambiar de ropa.
No escucho nada hasta unos segundos después que suenan sus pasos en dirección a la puerta. Siempre me despedía de él con un beso que a veces lo hacía llegar tarde al trabajo. Me llevo la mano al pecho, porque a pesar de todo, me duele.
Ya vestida me dejo caer en la cama, y suspiro. Trago el nudo que tengo en la garganta, porque por fin estoy sola desde que volví. Ahora el silencio pesa mucho más. Se siente más real y tan pero tan extraño. ¿Cómo es posible esto? Al pensar en mi otra vida, los últimos momentos son borrosos. No podría decir exactamente qué pasó. Solo recuerdo que morí y el rostro asustado de Scott. Quizás por eso tengo la sensación de que él igual había sido manipulado.
¿Y si no lo fue? ¿Y si todo fue su propia decisión?
Me paso las manos por el rostro con frustración.
No importa, se verá en el camino, por ahora mi primer objetivo será averiguar si la muerte de mi mamá fue un accidente o si fue algo más. Los demás acontecimientos, los iré resolviendo por el camino. Me levanto y voy hacia el ático, ahí tengo cajas con muchas cosas de mi mamá que traje de la casa de mi padre.
Debería poder encontrar el número que estoy buscando, y que nunca pensé que necesitaría. Mi mamá tuvo un amigo de la infancia que luego entró al FBI, era el mejor en su trabajo, pero ahora no recuerdo su nombre completo. Espero que entre todas sus cosas esté lo que necesito.
Paso al menos dos horas rebuscando en cada cosa, tendré que cambiarme porque con todo el polvo que había aquí, me dejó con la ropa aún más oscura. Pero al menos encontré un nombre.
Máximo Edward.
Hice una completa búsqueda en internet, y encontré un número de teléfono que seguro era el que daba a las personas para que se comunicaran con él. Seguro que no es su número personal. No importaba, mientras pudiera dar con él. Además, esperaba de todo corazón que él quisiera ayudarme porque de otra forma, tendría que buscar algún investigador privado.
Y nunca me han dado tanta confianza ellos.
Marco al número, pero nadie contesta. Vuelvo a hacerlo y nada.
Puede que esté muy ocupado, o puede que esté número ya no funcione. De todas formas decido dejarle un mensaje de voz.
—Mi nombre es Alessandra. Soy hija de Helena… Encontré su número en la web. Necesito hablar con usted sobre mi madre. Si es posible, puede llamarme a este mismo número.
Dejo el celular a un lado en la cama y suspiro. La emoción de que hubiera contestado y hubiéramos agendado un encuentro, se desvanece de inmediato. Pensé en decir que era sobre la muerte de mi madre, pero ¿y si los teléfonos estaban intervenidos? Quería que él llevara esto de forma personal.
Claro, si es que accedía.
Mi celular vibró, pero era un mensaje de Scott.
“Si puedes, cómprame una camisa, de esas que te gustan a ti”
Pongo los ojos en blanco, pero una sonrisa aparece en mi rostro, pero escribo rápidamente.
“Esta bien”
Vuelvo a cambiarme ropa y me voy de compras. Decidida a gastar más dinero del que he gastado en todos estos años.







