Jimena no había esperado que Adrián se atreviera de verdad a abrir el ataúd. Había acudido cegada por la rabia, decidida a exigir justicia por mí.
—¡Ella ya murió! ¿Ni siquiera dejarás en paz su cuerpo?
Extendió los brazos para proteger el féretro. Lucía tosió un par de veces antes de intervenir.
—Si está viva, queremos verla; si murió, queremos ver el cuerpo. Señora Rojas, ha irrumpido de este modo en la boda de Adrián. Como mínimo, tenemos derecho a saber por qué. Abrir el ataúd también servir