La habitación del hotel estaba en penumbras, apenas iluminada por la luz tenue que se filtraba entre las cortinas. Clara yacía boca arriba en la cama, los brazos extendidos, mirando el techo como si en las grietas del yeso pudiera encontrar respuestas a todas las preguntas que la atormentaban.
El silencio era tan profundo que escuchaba su propia respiración entrecortada. En la mesa de noche, el teléfono vibraba de nuevo: llamadas de Mateo, mensajes que no quería leer, notificaciones que no nec