Narrado por Aldara
El día amaneció gris. Las nubes, pesadas y espesas, cubrían el cielo como una manta opresiva, y el aire estaba impregnado de un olor extraño, a tierra mojada y a algo más... algo antiguo y familiar. Desde que abrí los ojos aquella mañana, un peso invisible se había instalado en mi pecho. Una sensación persistente de inquietud, como si el bosque mismo me estuviera llamando, susurrando palabras que no podía entender.
Intenté ignorarlo al principio. Me quedé en la cabaña, junto