Capítulo 46 El Juicio

El sol de la mañana se filtraba entre los árboles del jardín De La Vega, pintando destellos dorados sobre el césped.

Damián se detuvo junto a la ventana de su estudio, observando la escena frente a él.

Gabriela estaba sentada bajo un rosal, leyendo en voz alta un cuento infantil.

Nico, con las rodillas manchadas de tierra, la escuchaba con absoluta atención.

De vez en cuando, Gabriela levantaba la vista, sonreía y pasaba suavemente las páginas del libro.

Damián la miraba en silencio, sin poder apartar los ojos de ella.

Había algo en esa imagen que le oprimía el pecho: la serenidad, la ternura con la que cuidaba al niño, la forma en que sonreía incluso después de todo lo que había vivido.

Debe haber sido una madre maravillosa, pensó.

Y esa idea le dolió más de lo que esperaba.

El solo imaginarla llorando por Gabrielito, por esa pérdida que le arrancó el alma, le hizo cerrar los puños con impotencia.

—Te vas a quedar sin desayuno si sigues mirando así —dijo una voz a su espalda.

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