El avión aterrizó en medio de un cielo despejado, pero la calma del paisaje contrastaba con el silencio tenso dentro del vehículo que los llevaba de regreso.
Victoria miraba por la ventanilla sin decir palabra, los labios apretados, el rostro pálido de rabia contenida.
A su lado, Adrián fingía indiferencia, revisando mensajes en su teléfono con una media sonrisa.
La luna de miel, que debía ser el comienzo de una vida feliz, había sido un infierno.
Las discusiones habían sido constantes, los