A la novena herida, la cantidad de sangre que he perdido es demasiada. El charco de sangre fresca debajo de mí desprende un aroma metálico que me provoca náuseas. En parte me ayuda a mantener la cabeza clara, pues es tan penetrante, que resulta molesto. El conejo se separa de mí, el dolor al sacar mi puñal de mi clavícula es agónico, el sonido que hace al desprenderse de músculo y piel me provoca náuseas.
La mantis religiosa mutante exprime más del jugo ese y siento a mi cuerpo arder. Ya ni ten