La sensación recorre la totalidad de mi cuerpo mientras intento no entrar en pánico. Arlen nota que algo me ocurre, pues da un paso hacia mí, pero alzo una mano para darle a entender que necesito espacio mientras retrocedo otro paso. Me concentro en respirar y mentalizarme de que este dolor no es mío, que el sentimiento proviene del loco dragón y sus tonterías. No, sentimiento no, la emoción. Ellos no tienen sentimientos.
Y la dura pedrada de la realidad me cae de golpe en el estómago.
—Viviana