—Soy el más fuerte de todos los místicos, el más sabio y el más capaz —su voz es un murmullo seductor, un ronroneo que promete jamás ser olvidado—. Puedo protegerte mejor que cualquier otro ser en el mundo, puedo darte lo que nadie jamás podría —con cada palabra, se acerca más a mí, mi mirada incapaz de dejar la suya—. Podrías ser invencible, Viviana —al escucharlo decir mi nombre cierro los ojos—. Y nadie te haría daño nunca más.
Nadie… Excepto él. Porque ese es el problema y la desventaja de