—Maldita hija de puta —me acerco mientras tomo una rama del suelo—. Me mentiste, nos mentiste —Deirdre retrocede mientras alza las manos en un intento o de detenerme o de defenderme, ¿me tiene miedo? Eso es nuevo—. Fueron ustedes, tuvo que ser uno de ustedes —la acorralo contra un árbol y le apunto con una rama que cualquiera podría romper—. Lo vi, lo sentí, antes de morir, el montero que nos traicionó fue poseído por un espectro, uno de ustedes lo hizo callar.
—Desconozco lo que dices —expresa