—¡Lo primero son los pulmones! —grita alguien, una voz que suena ligeramente familiar—. Se va a asfixiar.
—Fue tan rápido, ni siquiera pude alcanzarla.
Necesito que alguien me clave una estaca en el corazón o me corte la cabeza, no puedo resistirlo más. Duele tanto que ni siquiera puedo gritar. No veo un carajo, todo es negro, pero quien sea que esté presente, le estaré eternamente agradecida si me mata en este momento.
Pierdo la noción del tiempo. Mis segundos se resumen en dolor y en un extra