Los toques me sobresaltan, pego un brinco y salgo de la cama, hay un segundo de silencio y luego tocan otra vez. Abro la puerta.
La montera antigua me devuelve la mirada, su rostro serio y su mirada analítica son suficientes para saber que hoy no es mi día de suerte. O mi noche de suerte. Tengo entrenamiento con Arlen a primera hora de la mañana, necesito estar descansada para ya no ser tomada por sorpresa y resistir mejor.
—Si no es noticia de que ya mandaron a Siena al cuartel, no me intere