Estamos todos sentados en la sala de la casa de mis abuelos. aún el corazón me late a mil por horas y creo que mi cara está más pálida que la de Alma y Constanza que nos mira apenada.
—Lo siento, jefa, señorita Hanny, es que todo fue...
—Tranquila, querida. Todavía quiero indagar quién te dejó encerrada en habitación de Ben, pero para eso debemos revisar las cámaras que tu misma instalaste.
—Me pondré de inmediato con eso, llamaré.
—A mí, ya llegamos.
—Agus, Rubén. Nunca podrán creer todo lo qu