Por Constanza Reynolds
—No tengas miedo...
—Prométemelo...
—Solo si me prometes vivir...
La voz se apaga a lo lejos y me dejo llevar por el sonido de las ambulancias, ni siquiera sé si le dije que se lo prometía solo cerré los ojos y me dejé morir...
Doce horas antes...
—Ya instalé el micrófono y la cámara, señor.
Es lo que me limito a decir cuando salgo de la habitación de el loco desquiciado que tenemos por contrincante. Lo que nunca me imaginé es que el que estuviera frente a mí fuera él...