La noche seguía envolviendo el cielo con su manto oscuro, pero el frío ya no me molestaba tanto. Quizá era la manta sobre mis hombros… o quizá era la persona que tenía a mi lado.
Lucian suspiró y se levantó de su asiento.
—Es tarde. Deberías descansar.
—Lo mismo para ti —respondí, mirándolo de reojo.
Él sonrió con esa expresión serena que a veces me desconcertaba.
—Haré una ronda antes de acostarme. Quiero asegurarme de que todo esté en orden.
No me sorprendía. Siempre estaba en alerta. A