El viento era distinto.
Soplaba desde el altar con una fuerza contenida, como si el mundo supiera que algo estaba a punto de romperse. Oriana permanecía en silencio, sentada frente a las runas brillantes, sintiendo el pulso de la piedra atravesarle la piel.
La marca en su cuello –el collar incompleto– ardía como fuego líquido.
—¿Qué más necesitas de mí? —murmuró, su voz apenas un suspiro.
El altar no respondió. Solo retumbó en lo profundo de la tierra, como si lo que exigía no pudiera expresars