Mundo ficciónIniciar sesiónOriana Hart siempre ha sido una joven brillante, con una capacidad asombrosa para anticipar resultados y tomar decisiones acertadas. Su talento no pasa desapercibido, y pronto es contratada por Gabriel Blackwood, el CEO de Blackwood Enterprise, una de las empresas tecnológicas más prestigiosas del mundo. Lo que Oriana no sabe es que este encuentro está marcado por el destino: ella es la reencarnación de un amor perdido de Gabriel siglos atrás, un amor que fue arrebatado por la maldición de una mujer obsesionada con él. Mientras Oriana y Gabriel trabajan juntos, él lucha por mantenerla a salvo, profundizando su conexión pasada, temeroso de que cualquier indicio de la verdad pueda ponerla en peligro una vez más. Sin embargo, el regreso de "ELLA" amenaza con desatar el caos. Solo enfrentando juntos los secretos de su pasado y su vínculo eterno podrán romper la maldición que los persigue desde hace siglos. Una historia de amor, obsesión y redención que desafía el tiempo y las sombras del alma.
Leer másEl amanecer apenas tocaba el horizonte, pero el cielo seguía teñido de un gris enfermizo, como si la noche se negara a ceder del todo. Las aves no cantaban. El viento estaba quieto.Y el altar palpitaba como un corazón oscuro.Oriana se encontraba frente a él, de pie ahora, más firme. La noche sin sueño había templado sus pensamientos. Sabía que lo que venía no podía detenerse. Lo único que podía elegir era cómo enfrentarlo.—Está viniendo —murmuró.Gabriel no necesitó preguntar a quién se refería. Lo sentía también.Oscar, apoyado contra una roca, asintió con gravedad.—La figura lo está guiando. No quiere solo el poder de Ethan. Quiere el altar.—¿Y para qué? —preguntó Anita, acercándose con cautela.Oscar cerró los ojos.—Para abrir lo que nunca debió abrirse. Para cruzar un umbral entre planos.Oriana se estremeció. Ese altar no era solo un punto de decisión. Era una puerta.Ethan caminaba como en trance. El bosque a su alrededor se abría solo para él, como si la oscuridad ya lo
El viento era distinto.Soplaba desde el altar con una fuerza contenida, como si el mundo supiera que algo estaba a punto de romperse. Oriana permanecía en silencio, sentada frente a las runas brillantes, sintiendo el pulso de la piedra atravesarle la piel.La marca en su cuello –el collar incompleto– ardía como fuego líquido.—¿Qué más necesitas de mí? —murmuró, su voz apenas un suspiro.El altar no respondió. Solo retumbó en lo profundo de la tierra, como si lo que exigía no pudiera expresarse con palabras. Gabriel se mantenía a unos pasos detrás, tenso, como si temiera que si se acercaba demasiado… también él sería consumido.—¿Es este el lugar donde vas a decidirlo todo? —preguntó, su voz cargada de incertidumbre.Oriana asintió sin mirarlo.—Aquí… o nunca.Muy lejos de allí, "Ella" observaba el mismo cielo. La oscuridad que antes respondía a su voluntad ahora se movía como un animal indomable. El vínculo se estaba debilitando. Lo sabía.Y no solo por Ethan.—Me están abandonando
El nuevo altar no estaba allí el día anterior. Ni el anterior a ese. Ni siquiera en los registros antiguos que Oscar conservaba.Surgido de la grieta abierta en el cielo, el altar se alzaba en medio del claro como si siempre hubiera pertenecido al paisaje… pero nadie lo había visto hasta ahora.Tenía forma circular, tallado en piedra negra y antigua, con símbolos que vibraban como si respiraran. Alrededor, la tierra se marchitaba lentamente, como si la vida retrocediera ante su presencia.Oriana se detuvo a metros de él. Su pecho ardía, el collar palpitando como un segundo corazón.—Este es el lugar —murmuró—. El puente.Gabriel, detrás de ella, frunció el ceño.—¿Puente hacia qué?Ella apenas podía explicarlo. No lo sabía del todo. Pero lo sentía. Era una encrucijada. Un sitio donde el poder podía fluir sin barreras, donde las decisiones no solo cambiaban destinos…Sino que los sellaban.En otro rincón del mundo, Ethan avanzaba con pasos lentos, la oscuridad brotando de su espalda
Ethan respiró hondo.O al menos intentó.El aire que ahora llenaba sus pulmones ya no era el mismo. No tenía aroma, ni calor, ni siquiera textura. Era como si hubiera cruzado un umbral invisible y su cuerpo estuviera hecho de algo distinto.Frente a él, el altar había dejado de vibrar. Las sombras que antes lo rodeaban con hambre ahora lo seguían en silencio, obedientes. Casi… reverentes. Era el nuevo elegido. El nuevo heraldo.A su alrededor, el paisaje había cambiado. El bosque en el que se encontraba parecía dormido, congelado en el tiempo. Ningún pájaro cantaba. Ningún insecto se movía. Las hojas estaban suspendidas a medio caer. El mundo había exhalado… y se había quedado en silencio.Ethan alzó la mano, y al hacerlo, una oleada de energía oscura le recorrió el brazo. Era tangible. Viscosa. Viva. Y él no sabía si era dueño de ella… o si era ella la que lo poseía.Recordó a Oriana. Recordó su rostro. La luz que siempre irradiaba, incluso cuando todo se volvía gris.—¿Qué dir
Un escalofrío cruzó el aire. Las sombras que solían abrazarla como un manto fiel ahora se deslizaban entre sus dedos como humo disperso. "Ella" abrió los ojos. Algo había cambiado.La torre donde solía refugiarse tembló levemente. Las velas negras que nunca se extinguían parpadearon como si algo más fuerte hubiese soplado sobre ellas. Cerró los ojos por un instante. Sintió el vacío. Su conexión con las fuerzas oscuras se debilitaba.—¿Qué has hecho…? —susurró al aire, con un dejo de desesperación en su voz.No recibió respuesta.Las sombras ya no respondían como antes. No acudían al llamado con la misma devoción. Y por primera vez en siglos, tuvo miedo.Había otro. Y no solo otro… había sido elegido.La rabia le atravesó el pecho como un dardo helado. Su figura tembló, no de poder… sino de ausencia de él.—Ethan… —pronunció el nombre con amargura.No lo conocía, no realmente. Solo lo había utilizado cuando le fue conveniente. Un peón. Alguien fácilmente manipulable.Pero la oscurid
El altar de piedra vibraba bajo sus manos. Ethan sentía su corazón latir con fuerza, cada golpe una advertencia, un eco de algo que estaba a punto de cambiar.Las sombras a su alrededor murmuraban, retorciéndose como criaturas hambrientas en la penumbra. Eran antiguas, despiadadas, y ahora lo estaban llamando.Frente a él, una silueta formada de sobras se mantenía firme, su cabello flotando como si la oscuridad misma lo sostuviera. Su rostro estaba parcialmente oculto, pero sus labios curvados en una leve sonrisa lo decían todo.—La elección no es difícil, Ethan. —Su voz era un susurro seductor, pero detrás de su tono había algo más. Algo roto. Algo que suplicaba.Ethan tragó saliva.—¿Por qué yo?Las sombras se estremecieron.—Porque la oscuridad necesita un nuevo heraldo. — La figura inclinó la cabeza, observándolo con detenimiento—. Tú has sufrido, ¿no es cierto? Has vivido en la sombra de los demás, esperando ser visto.Ethan apretó los puños.Era cierto.Siempre había sido el seg
Último capítulo