El altar de piedra vibraba bajo sus manos. Ethan sentía su corazón latir con fuerza, cada golpe una advertencia, un eco de algo que estaba a punto de cambiar.
Las sombras a su alrededor murmuraban, retorciéndose como criaturas hambrientas en la penumbra. Eran antiguas, despiadadas, y ahora lo estaban llamando.
Frente a él, una silueta formada de sobras se mantenía firme, su cabello flotando como si la oscuridad misma lo sostuviera. Su rostro estaba parcialmente oculto, pero sus labios curvados