Ethan respiró hondo.
O al menos intentó.
El aire que ahora llenaba sus pulmones ya no era el mismo. No tenía aroma, ni calor, ni siquiera textura. Era como si hubiera cruzado un umbral invisible y su cuerpo estuviera hecho de algo distinto.
Frente a él, el altar había dejado de vibrar. Las sombras que antes lo rodeaban con hambre ahora lo seguían en silencio, obedientes. Casi… reverentes.
Era el nuevo elegido.
El nuevo heraldo.
A su alrededor, el paisaje había cambiado. El bosque en el que se