El paisaje se deslizaba suavemente a través de la ventanilla del auto mientras Gabriel conducía por la carretera costera. El sol de la tarde comenzaba a descender, tiñendo el cielo con tonos dorados y naranjas. El sonido del motor y el vaivén del viento acompañaban el silencio entre ellos, un silencio que no era incómodo, sino cargado de pensamientos no dichos.
Oriana apoyó la cabeza contra el respaldo del asiento, observando la línea del horizonte donde el mar se encontraba con el cielo. Sentí