La oficina estaba extrañamente tranquila ese día.
El sonido de los teclados, teléfonos lejanos y hojas moviéndose llenaba el ambiente mientras Rosalyn trabajaba completamente concentrada frente a su computador. Sus lentes descansaban sobre su nariz y varias carpetas rodeaban su escritorio.
La puerta se abrió suavemente.
—Hola, pequeña, ¿cómo estás?
Rossy levantó la mirada inmediatamente.
—Gustavo… que gusto verlo, bien, gracias.
Él entró relajado, con las manos en los bolsillos y esa sonrisa tr