En el almuerzo, Gerald no dejaba de observar.
No decía nada… pero miraba.
Miraba cómo Fabiano se desvivía atendiendo a Victoria, cómo se inclinaba apenas para cortar su carne con cuidado, cómo le servía jugo antes de que ella siquiera lo pidiera, cómo deslizaba su plato de postre hacia ella con una naturalidad que no parecía forzada… sino instintiva.
Gustavo también lo notaba, ambos cruzaron miradas sin decir nada, pero entendían todo.
—Princesa, mira… solo un poco más —insistía Fabiano con sua