Marcus estaba en la tablet y los pequeños reían mostrándole manualidades con plastilina.
Fabiano pasó por ahí y tomó la tablet de los niños.
—Hola, rubio desabrido, ¿cómo va todo allá?
—Bien, ¿y tú cómo estás? Veo que te quitaron el cabestrillo.
—Sí, ya sabes, cuando somos fuertes, jóvenes y guapos, un auto no es nada.
—Jaja, claro. Pásame a mis bebés que pronto entraré a una reunión.
—Uy, qué delicada la princesa… ya te dejo, adiós.
Fabiano le devolvió la tablet a los mellizos, que hablaban ha