Vanessa salió de la cafetería sosteniendo un café entre sus manos mientras una sonrisa triunfante iluminaba su rostro. Su regalo ya debía haber sido entregado y solo había una cosa que lamentaba: que la serpiente hubiera abandonado el ramo antes de tiempo. Habría sido mucho más satisfactorio verla deslizarse entre las flores y morder, al menos, a una de esas personas que tanto protegían a Marcus.
—Bueno, Marcus... eso solo me da más tiempo para pensar en una forma mucho mejor de torturarte. No