La cena pasó sin mayores complicaciones, aunque las miradas traviesas de Fabiano cada vez que Margaret ayudaba a servir hacían que ella se sonrojara una y otra vez. Intentaba mantenerse concentrada repartiendo los platos, acomodando los cubiertos y ayudando a los mellizos, pero cada vez que levantaba la vista se encontraba con la sonrisa insoportable de Fabiano observándola como si guardara el secreto más divertido del mundo.
—Abuelita, ¿hablaste con mi abuelito?
Micca levantó la cabeza desde s