La mañana era fría e Ismael miraba por la ventana. Era demasiado temprano para que Gracia y Gerald llegaran. La habitación estaba tranquila, apenas acompañada por el canto lejano de algunos pájaros que comenzaban a despertar con el amanecer. Gustavo seguía acostado junto a Rossy, abrazándola con cuidado mientras ella dormía profundamente apoyada sobre su pecho.
La puerta se abrió y el doctor entró revisando una carpeta. Aquello bastó para despertar a ambos.
—Doctor, ¿cuándo me podré llevar a Ro