A una hora del centro de la ciudad, se ubicaba el predio militar más grande la nación.
Rodeada de una centena de casas para las familias de los soldados y con seguridad extra, estaba la casona en la que Salvador tenía su oficina.
Generalmente, no pasaba más de un par de días al año allí, ya que siempre tenía la excusa de alguna misión que supervisar o alguna investigación que realizar, pero desde que volvió de la frontera, prácticamente, no había vuelto a salir
Y eso incomodaba a todos, pero e