El teléfono de Daniela sonó dentro de su cartera.
- Puedes contestar si quieres – Le dijo Lupita, concentrada en la entrepierna de Daniela.
- No – respiró hondo, era realmente incómodo – Lo que sea puede esperar a que termine con esto.
Con las piernas separadas y levantadas, Daniela se concentró en el techo.
Era un tanto impaciente, pero estaba contenta.
Llevaba un año cuidando su cuerpo, desde que había dejado a Eva en la casa de campo, todo para ese momento.
Eva había reencontrado a su hija y