Daniela lo miraba atónita.
Esa imagen, la de Marcos y ella juntos, era algo en lo que nunca había pensado.
Pero ahora que lo hacía…
Su respiración se volvió pesada.
- ¿Qué dices? – le preguntó de nuevo.
Marcos se acomodó al filo del sillón, se quitó la campera y la atravesó con la mirada.
La luz cálida, la noche que los envolvía, ese cuadro en el suelo, despertando en Daniela el deseo de ser tocada, besada… poseída y los ojos de aquel hombre, la dejaron sin aliento.
- Dime que al menos lo estás