- Debiste avisarme que eras tú – Mauricio se masajeaba la nuca, adolorido
- No habría sido tan convincente
- ¿Qué pasa ahora, Julieta? – bebió con tranquilidad de la botella de agua que ella le pasó
- ¿De verdad preguntas?
- Por supuesto, no entiendo que se te cruzó por la cabeza para tocar a mi mujer
- ¿Tu mujer? – rio con ironía, de una manera que preocupó a Mauricio
Se limitó a mirarla, tratando de analizar a esa mujer
Sabía, por experiencia, que cuánto más tranquila parecía Julieta, peor er