92. Guerra
El aire denso y espeso se estaba colando por mi cuerpo cuando abrí la puerta. La luz había abandonado la ciudad poco a poco. El atardecer ya se estaba tornando en oscuridad como si supiera lo que vendría. Jonathan estaba ahí, plantado como una estatua, con una mirada que sabía cómo volver a cualquier persona pequeña. Solo con su presencia sentía que mi cuerpo se había paralizado.
—Tenemos que hablar —volvió a repetir, soltó con esa voz cargada de veneno.
Él significaba solo problemas. Sentí el