29. Bailando entre estrellas
El sábado me dormí con una sola cosa en mente.
Brian.
¿Por qué?
No lo sé.
En la mañana, me pasé revisando mi correo electrónico como una tonta enamorada, esperando algún mensaje suyo. Lo que fuera. Algo que dijera que quería que trabajáramos toda la tarde, o que necesitaba ayuda, o que me echaba de menos, o… lo que sea.
Pero no hubo nada.
Quería tener una excusa para ir a su casa.
¿A limpiar?
«¿En serio, Laurent? ¿Desde cuándo tú?»
Fruncí el ceño al pensar en eso. Yo odiaba limpiar casa