Zane caminaba apresurado por el pasillo. A estas alturas, era obvio que Blas ya debía saber en lo que lo había comprometido. Por eso apuró el paso hacia donde estaba, antes de que el sonido del final del periodo comenzará a llenar los pasillos.
— ¡Buenos días! — espetó con entusiasmo. Zane apenas entró al aula, haciendo que todos los alumnos miraran al nuevo invitado.
— ¿Qué te trae por aquí? — preguntó Blas, mirándolo con seriedad, consciente de lo que había estado haciendo.
— Ya debes saber