— ¿Estás de acuerdo? —.
— No veo ningún inconveniente — respondió Blas.
Su semblante perdido pensando en Milena lo delataba mientras discutían algunos costos. “Jayce”, conocido como el doctor J, lo observaba en silencio, notando cómo apretaba con fuerza el borde de la mesa. Sus nudillos estaban blancos, como si temiera soltar por perder algo.
El doctor J también comenzó a revivir recuerdos que solo él conocía. Observó cómo Blas tragaba saliva con dificultad y lanzaba miradas constantes hacia la