Capítulo 68: Una noche diferente.
Él la miró. No con duda. No con suavidad. La miró con un fuego que parecía consumirlo. Sus pasos fueron lentos, deliberados, medidos. Cada movimiento era una declaración. Elena sintió cómo su propio pulso se aceleraba, no por miedo, sino por algo más antiguo, visceral, profundo: la espera hecha carne.
El mundo parecía desvanecerse en un eco de sus respiraciones. Elena, con los labios entreabiertos, dejó que su mirada lo retara, como si llevara años esperando esa hora. No huyó. No tembló. No neg