Capítulo 66: La Gala.
El timbre sonó como una campana que llamaba a la guerra. Elena bajó las escaleras de su piso con la lentitud decidida de quien sabe el efecto que provoca. Abrió, y él estaba allí; Alexander, entero, cortado a la medida de su traje oscuro, la camisa blanca impecable y la corbata anudada con una precisión que hacía que todo en él pareciera inevitable. Sus ojos, profundos y voraces, la miraron como ella había soñado tantas noches; con esa mezcla de deseo, de reconocimiento, de hambre sereno.
Casi