Capítulo 47: Secuestro.
El sonido de sus tacones resonaba en el vacío del estacionamiento subterráneo. Elena caminaba con paso rápido, cargando la carpeta con los últimos informes. Siempre la acompañaban hombres de seguridad que Alexander había ordenado para ella, pero aquella noche, sorprendentemente, no había ninguno. Ni un murmullo, ni un movimiento de chaquetas negras en la penumbra. Ni siquiera estaba la seguridad de la empresa.
Frunció el ceño.
— ¿Dónde demonios están? — susurró para sí, apretando con más fuerza