Capítulo 46: No habrá límites.
Lo que más la atormentaba era la claridad con la que él había pronunciado cada insulto, cada acusación. No fue el ataque de un hombre cegado por el momento. Era algo viejo, acumulado, con raíces profundas.
«Ni siquiera lo justifiques», se repitió a sí misma. No lo iba a hacer. No iba a caer en la trampa de suavizar lo que había visto.
Un golpeteo en la puerta interrumpió su tormenta interna. Sofía entró con una carpeta en las manos.
— Señora, el inversionista llegó. Y también… Sebastián Lothus.