—Dana —
Los años habían transcurrido con tranquilidad, mi puntito era el diablillo más desordenado y alocado del mundo, pero lo amaba así tal cual era. El parecido con su padre era abrumador, lo único que había sacado de mí era el color de mis ojos y pare de contar.
Teníamos una vida tranquila y acogedora en Zaragoza. Newtt y Antonio habían adoptado a una pequeña preciosa que era la adoración de sus padres y los cinco vivíamos en un barrio tranquilo de la ciudad.
Cuando Newton decidió retirarse