—Thomas—
Una tarde, en que estaba el sol de primavera en su apogeo, el abuelo Agustín se instaló a mi lado con su lectura de novelas cliché que le había dado por leer el último tiempo. Me miró y me dijo, “¿Sabes algo, Thomas? Esta novela se parece mucho a tu vida” lo quedé mirando y me largué a reír a carcajadas, las mismas con las que me siguió él. Pero después de que me contó la trama sentí que tenía razón. Cada uno era parte de su propia novela y era capaz de manejarla como si del autor de el