—Dana—
Ir del brazo de mi suegro rumbo al altar era una situación impensable hace algunos años atrás, pero allí estaba, con una panza que ahora se duplicaba por los trillizos y los nervios a flor de piel.
—Gracias por todo, Dana. — me dice mi suegro, dándome un beso en la mejilla y luego tomando mi brazo para para colocarlo junto al de él—¿Todo bien? ¿Estás mareada?
—Todo bien, deben ser los nervios que me tienen así, con los nervios de punta.
—Pues míralo a él, esa es tu meta, enfócate en tu m