—Lo vas a pagar, caro, Francisco —dijo Ryan con una mirada que destilaba furia contenida.
La rabia lo quemaba por dentro, pero no podía permitir que se viera débil.
Cada palabra que salía de su boca era una promesa de venganza.
Francisco, por su parte, solo sonrió. Esa sonrisa arrogante que siempre había llevado en el rostro.
Un gesto que encendía aún más la ira de Ryan, pero lo que más le dolía era saber que ese hombre había herido a lo que más amaba en este mundo.
Sin decir nada más, Francisco