Eugenio negó con desesperación, sus ojos llenos de súplica.
—¡No, Mia! No quiero perderte, te amo, por favor, no…
Mia bajó la mirada, luchando por mantener el control.
—Quiero el divorcio, Eugenio. Esto va a ser por las buenas o por las malas, tú decides.
Eugenio tragó saliva, sintiendo el peso de sus propias palabras ahogándolo.
—¿Es lo que realmente quieres? ¿De verdad no hay ni un atisbo de oportunidad para nosotros?
Mia lo miró fijamente a los ojos, y por un momento, su corazón vaciló.
Pero