Deborah movía los dedos contra su muslo, su mirada clavada en el vacío mientras los pensamientos la asfixiaban.
No podía fallar. No ahora.
—Él debe ser el padre de mi hijo… —se repetía en su mente, tratando de convencerse.
Apretó los dientes.
Claro, había estado con Martín en esa época, pero… también con Randall. ¿Cómo era posible que tuviera tan mala suerte?
Tal vez estaba apostando demasiado, pero si le salía bien, si Randall cayó en su trampa, todo cambiaría. Su vida cambiaría.
Su mirada se t