El sol comenzaba a hundirse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados, mientras Ryan y Arly caminaban hacia el muelle.
Las olas del mar chocaban suavemente contra las maderas envejecidas del puerto, creando una melodía tranquila que contrastaba con la tormenta interna que se desataba en el corazón de Arly.
A pesar de la belleza del atardecer, su alma estaba rota, fragmentada, como si no pudiera encontrar el consuelo ni el reposo en el mundo.
Los recuerdos de lo vivido con