—¡¿Qué dices?! Eso es… ¡Imposible! —exclamó Mila, sintiendo un nudo en la garganta.
Arly tomó su teléfono con manos temblorosas y reprodujo la grabación.
En la habitación solo se escuchaba el sonido de la respiración contenida de todos mientras la voz de Francisco resonaba, cada palabra impregnada de veneno y crueldad.
Mila sintió que el mundo se tambaleaba bajo sus pies.
Su corazón latía desbocado, golpeándole el pecho como un martillo.
Las palabras de Francisco eran como puñales en su piel, ca