Paz observaba el techo blanco del hospital mientras la camilla avanzaba por los pasillos iluminados de manera casi cegadora.
Su respiración era entrecortada, y el miedo la tenía paralizada.
Cada movimiento de los paramédicos a su alrededor parecía un eco que resonaba en su mente. La soledad la envolvía como un sudario.
—Terry… —susurró, cerrando los ojos con fuerza—. No estarás aquí…
Sabía que el momento era crítico.
Sus bebés venían al mundo antes de tiempo, y el riesgo era demasiado alto para