Las palabras de los criminales resonaban como un eco en los oídos de Paz, llenándola de angustia y confusión.
«¿Terrance Eastwood, quieres ser viudo? ¿Quieres matarme?», pensó mientras un frío desgarrador se apoderaba de su pecho.
Las lágrimas rodaban silenciosas por sus mejillas, pero por dentro su alma gritaba en desesperación.
De pronto, le arrancaron las vendas de los ojos y le desataron manos y pies.
El brillo de la luz artificial hizo que parpadeara repetidamente, tratando de adaptarse. Cu